Escuela de Arte UDP: 20 años de prácticas, miradas y experiencias compartidas
En 2006, en un escenario atravesado por importantes transformaciones políticas, culturales y tecnológicas, se fundó la Escuela de Arte de la Universidad Diego Portales. Desde entonces, ha desarrollado un proyecto educativo centrado en el arte contemporáneo, la experimentación con diversos medios y procedimientos y la construcción de una mirada crítica sobre las imágenes, los contextos y las formas de vida en común.
Más que reconstruir una historia cerrada, esta celebración propone volver sobre las preguntas, prácticas y vínculos que han dado forma a la Escuela, reconociendo su historia y también aquello que continúa transformándose.
A lo largo de estos años, la Escuela se ha consolidado como un espacio de formación, creación e investigación en el que la práctica artística se comprende como una manera de observar, interrogar y relacionarse con el mundo. En torno a ella se ha configurado una comunidad diversa, atravesada por distintas generaciones, experiencias y modos de hacer.
Celebrar estas dos décadas supone detenernos por un momento y mirar lo recorrido: no solo los proyectos, exposiciones o transformaciones curriculares, sino también las conversaciones, los aprendizajes compartidos y las relaciones que han sostenido cotidianamente este espacio. Una escuela se construye a través de sus programas académicos, pero, sobre todo, a través de las personas que la habitan y las experiencias que allí se producen.
Quienes hemos sido parte de esta comunidad en distintos momentos sabemos que muchas veces los procesos más significativos no son inmediatamente visibles. Ocurren en una conversación de taller, en la aparición de una pregunta inesperada, en un ensayo que modifica el rumbo de una práctica o en el acompañamiento paciente de un proceso que todavía no encuentra una forma definida. Es en esos espacios donde la práctica artística adquiere una dimensión profundamente colectiva.
La propuesta académica de la Escuela articula la formación práctica con la reflexión teórica y los estudios visuales. El trabajo en talleres y laboratorios permite que las y los estudiantes exploren materiales, imágenes, tecnologías y lenguajes contemporáneos, mientras desarrollan procesos de investigación y creación capaces de vincularse con los debates culturales, sociales y políticos de su tiempo.
En este recorrido, y particularmente durante los cinco años en que me ha correspondido dirigir la Escuela, hemos comprendido la docencia como una práctica activa y situada. Durante este periodo desarrollamos una innovación curricular participativa y creamos el Laboratorio de Creación Artística, iniciativas que han buscado responder a las transformaciones de las prácticas contemporáneas y a las necesidades de una comunidad estudiantil cada vez más diversa.
Estos procesos no habrían sido posibles sin el compromiso de docentes, estudiantes y equipos dispuestos a revisar lo que hacíamos, discutir nuestras formas de enseñar y aprender para proyectar conjuntamente la Escuela que queremos construir. Artistas, investigadoras, investigadores y profesionales del campo cultural han contribuido a sostener un espacio pedagógico en el que enseñar y aprender supone compartir preguntas, ensayar procedimientos y acompañar la emergencia de metodologías y búsquedas singulares.
Más que transmitir modelos predeterminados, la formación busca entregar herramientas para que cada estudiante construya una práctica autónoma, reflexiva y consciente de las condiciones desde las cuales produce. Esto implica también aceptar que la educación no siempre avanza de manera lineal: requiere tiempo, escucha, incertidumbre y la posibilidad de equivocarse, volver a mirar y comenzar nuevamente.
La historia de la Escuela también se ha tejido mediante una extensa red de colaboraciones con museos, centros culturales, galerías, ferias, archivos, organizaciones y comunidades. Estos vínculos han permitido que los procesos desarrollados en el aula y el taller se desplacen hacia otros espacios, ampliando las posibilidades de circulación, mediación y encuentro. Esto se expresa tanto en las pasantías profesionales como en un programa sistemático de vinculación con el medio, cuyo foco ha sido conectar tempranamente al estudiantado, así como a nuestras egresadas y egresados, con el campo ampliado del arte contemporáneo. Nos interesa que la Escuela se piense como parte de una trama de relaciones, instituciones, comunidades y discusiones públicas.
Durante 2026, la conmemoración de los veinte años se desplegará a través de un programa realizado en colaboración con instituciones como CEINA, el Museo de la Solidaridad Salvador Allende, el Centro Cultural La Moneda, el Museo Interactivo Mirador, MUT y Galería Isabel Croxatto, entre otras. Exposiciones, talleres, conversaciones y actividades públicas permitirán revisar algunos de los procesos que han marcado estas dos décadas y, al mismo tiempo, abrir nuevas relaciones con diversos públicos.
Entre estas iniciativas se encuentra la cuarta edición de PostEscuela, que este año lleva por título La materia soñada, programa de exhibición dedicado a egresadas y egresados de las dos últimas versiones del examen de grado CARÁCTER. El proyecto es desarrollado por Galería Isabel Croxatto, en el marco de un convenio de colaboración con la Escuela, y en esta oportunidad contará con la participación de MUT. Las propuestas se exhibirán allí durante agosto.
En CEINA se presentará a finales de septiembre La febril mirada. 20 años de prácticas, trayectorias y desplazamientos, exposición construida a partir de un proceso curatorial intergeneracional. Su comité curatorial está integrado por alumni de la Escuela —Ana Carolina Tapia, Natalia Herrera, Marcelo Curzat y Andrés Álvarez— y cuenta con la dirección curatorial de Bernardita Croxatto y Camila Ramírez. La muestra reunirá a treinta artistas UDP pertenecientes a distintas generaciones, no con la intención de elaborar una historia definitiva, sino de poner en relación prácticas, temporalidades y modos de comprender el arte que han atravesado estas dos décadas.
En octubre, la Biblioteca Nicanor Parra acogerá Archivos, matrices, imágenes: la gráfica como espacio de transferencia, exposición que reúne una selección de serigrafías pertenecientes al archivo producido durante las cinco versiones del Programa de Investigación y Creación Gráfica, a cargo del docente Juan Esteban Reyes, del Laboratorio de Creación Artística de la Escuela. En sus últimas tres ediciones, el programa se ha desarrollado en colaboración con el archivo del Museo de la Solidaridad Salvador Allende, que ha contado con la participación de egresadas, egresados y docentes.
Asimismo, se presentará en distintos espacios culturales y educativos el Glosario común para las prácticas artísticas, proyecto financiado por el Fondo Nacional de Desarrollo Cultural y las Artes, acompañado de talleres y actividades abiertas. Esta publicación, que nace originalmente en el Taller de primer año a cargo de Camila Ramírez, busca reconocer el potencial pedagógico y crítico de la construcción colectiva del lenguaje, entendiendo que nombrar abre constelaciones de experiencias, memorias y formas de hacer.
Al pensar esta celebración, una de las cuestiones que más nos importa es reconocer a quienes han construido este proyecto durante veinte años: estudiantes, docentes, ayudantes, equipos académicos y administrativos, egresadas y egresados, colaboradoras y colaboradores externos. La Escuela existe en las relaciones que se han producido, en los saberes que han circulado y en las experiencias que han dejado huellas, incluso cuando éstas no quedan registradas en una cronología o en un archivo institucional.
Personalmente, dirigir la Escuela durante estos años me ha permitido comprender con mayor profundidad que una institución educativa se construye y reconstruye cada día, a través de decisiones, afectos y proyectos compartidos. Ha sido también una oportunidad para acompañar procesos de transformación y para aprender de quienes integran esta comunidad, especialmente de las y los estudiantes, cuyas preguntas nos obligan a revisar continuamente nuestras certezas.
Cumplir veinte años es una oportunidad para mirar los caminos recorridos, reconocer sus transformaciones y preguntarnos por los desafíos que enfrenta hoy la educación en arte. En un presente marcado por la circulación acelerada de imágenes, las nuevas y desafiantes tecnologías, las crisis ambientales, las disputas por la memoria y la vida democrática, el arte continúa ofreciendo herramientas y espacios para imaginar, interrumpir y elaborar otras formas de experiencia.
La Escuela de Arte UDP conmemora así sus primeras dos décadas mirando simultáneamente hacia su historia y hacia los procesos que hoy se encuentran en curso. Lo hacemos con la convicción de que celebrar una historia no consiste únicamente en conservarla: significa volver a interrogarla, ponerla en movimiento y mantener abierta la posibilidad de pensar, colectivamente, otras maneras de aprender, producir y compartir conocimientos y saberes para una vida en común.
Andrea Jösch K.