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Ceremonia de Titulación 2015

Discurso Titulación

Alumno

Agradezco a todos su compañía porque cada una de sus energías ha conducido el llegar a este momento que podría considerarse el fin de un ciclo o el término de una etapa, a mi consideración solo la etapa institucional.

Ahora cada uno comienza a dirigir su propio barco, continua un viaje iniciado cuando decidimos estudiar artes visuales, fue decidir comenzar a aventurarse con un clima impredecible, un paisaje incierto, no exento de complicaciones.

Lo que no cambio en absoluto es el placer que tuve al conocerlos, de conocer sus miradas y compartir experiencias. En ocasiones tuvimos profesores con diferentes formas de enseñar, lo que a veces ni ellos mismos estaban seguros de saber, siempre abriendo nuevas formas de sobrepasar nuestros límites y también los de ellos, lo que nos hizo más de una vez preguntarnos; que hacíamos estudiando artes.

En algún momento escuche la siguiente frase: “Ser artista es vivir en una constante crisis” Y puede que lo sea, aún recuerdo a aquellas personas que no aguantaron y salieron corriendo después de ver a Pazolini en el primer año.

Parceladamente fuimos cultivando nuestros imaginarios, dándonos cuenta de cómo el arte traspasa todas las capas en la vida del artista o la de un estudiante del arte. Cada uno guarda su propio recuerdo de nuestros guías, yo recuerdo que uno de ellos comenzó una clase diciendo “no hay ningún día en que no piense en arte” esa frase me quedo resonando como un eco en mi cabeza, asimilando la pasión de su mirada y recalcando una experiencia que termine viviendo.

El segundo año las crisis continuaron, en ocasiones el escuchar “pero que es eso, pelotudo” dejaba nuestro ego intelectual bastante bajo, pero ahí estaba la lucha. En ocasiones los diálogos que se producían en algunas clases me dejaban pensativo por varias horas o días… o años. Y así uno se contagiaba de un cierto espíritu investigativo, de saber por saber, de aprender porque si, de crear por crear.

Durante el trayecto fuimos cambiando nuestras formas de hacer y pensar, comenzamos a observar con un mayor alcance, comprendiendo lo que intuíamos con anterioridad, a aquello que se denomina como la estética y que los griegos llamaban belleza.

La universidad contribuyó educar nuestros ojos y alimentar las curiosidades que cada uno tenía y exploro de forma diversa. Gracias profesores, auxiliares, los tíos del pañol, a los guardias, las secretarias, a Carmen, al carrito de sopaipletos, a las baltilocas, el baño, etc.

Pero no todo gira en torno al “mundo del arte…”

Por lo tanto muchas veces se nos tilda como personas extravagantes, retraídas y raras, algo tienen de razón. De hecho creo que tenemos el don de “hacer de las cosas fáciles que suenes difíciles y que tengan extensas explicaciones”. También cargamos con un grado de convalecencia la enfermedad de Diógenes, con un afán de alquimista o de delirio. Aun no lo sé, ni lo quiero saber… pero donde los demás perciben un bote de basura, nosotros podemos ver surgir efímeros y eficaces tesoros.

Hace un tiempo atrás, mirando el piso por una feria libre, encontré un libro que me atrajo por su portada que independiente de que estaba rota, tenía un muy buen precio.

Este libro relataba la vida de uno de los primeros aeronautas, aquellas figuras con alas, semejantes a un pájaro, que luchaban por la convicción de sus proyectos, incluso oponiéndose al poder absoluto que en aquel momento era el eclesiástico, los que consideraban que volar solo era una capacidad de seres celestiales, que un humano lo intentara significaba una aberración a las lógicas espirituales y físicas.

Existía un instante donde aquel hombre debía hacer uso de su artefacto realizado de manera artesanal en su casa, granero o taller. Para cumplir su propósito debía subir a una colina para obtener altura y desde ahí lanzarse al vacío. Aquello podía caer en dos resultados, quizás tres; volar y obtener el éxito, caer y morir, o caer y seguir vivo, claro sin un par de costillas y con varias fracturas.

Pero lo que no se quebrantaba era el anhelo de libertad, que quizás ellos empezaron y otros terminarían.

Con esto me refiero a las personas como nosotros quienes creamos cultura y que se nos clasifica como “artistas”.

El “Artista” es quien perdió el pudor al error y lo hizo parte de su vida, sin errores no hay una idea original o divergente. Posiblemente muchos de los que están acá reunidos jamás entendieron la obra de su hijo, pareja, o amigo, y está bien. El arte es aquella invitación a ser curioso, por lo que convoca más preguntas que certezas, es una pregunta abierta, un enigma, cada uno crea sus propias conexiones, el crear es una facultad de todos y no de unos pocos. El arte es buscar un camino propio, con sistemas propios y entregarlo al público como el mayor acto de amor.

Dedicado a mi padre.

Gracias una vez más a todos los presentes.

Eleodoro Calderón

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